Atributos físicos

Por Laura Drescher

La vida es un gran juego de seducción. A veces seducimos con toda intención y otras, inconscientemente. El problema es cuando se abusa de los atributos físicos para lograr metas. ¿Es válido? Supongo que sí, aunque todo tiene sus costos y facturas a pagar.

Me parece que las mujeres que están guapas o saben sacar partido a lo que tienen, abusan más de este tipo de situaciones, sobre todo, en ámbitos laborales. Por ejemplo, si una mujer no es tan agraciada pero tiene un buen par de senos, sabe que con un escote puede lograr más de una meta.

Una sonrisa en el momento oportuno, una minifalda sugerente, el cabello suelto e, incluso, sutilezas como la fragilidad o una falsa inocencia pueden rendirle frutos. Las mujeres somos buenas actrices, a veces alguna lágrima puede hacer mucho por nosotras. Sobre todo frente a los hombres. Hay mujeres a quienes estas tácticas les funcionan toda una vida, se mantienen muy bien y le sacan partido a lo que venga. ¡Bien por ellas!

En lo personal, también lo he hecho cuando era más chavita, más insegura de mis otras cualidades. Ahora, tengo otras estrategias que pasan más por el intelecto. iOJO!, no estoy diciendo que soy súper inteligente, sino simplemente he aprendido otras formas de lograr mis metas mediante dos cualidades: el humor y la irreverencia. Lo que me llama la atención es que sabiendo todo esto (seamos honestos, todos sabemos que esto funciona y existe), los hombres no logran controlar su testosterona. Salvo en algunas excepciones, claro!

El hombre sabe que cuando una subalterna, por ejemplo, le va a pedir algo con su mejor escote y sonrisa, esto no va a terminar en un desenfrenado revolcón sexual en el cuarto de la fotocopiadora. Sin embargo, hay algo en todo este juego que lo seduce, lo hace sonreír y sentirse bien: levanta su autoestima, así sea el peor adefesio del planeta, y se cree todo lo que le dicen, de cabo a rabo.

También sucede a la inversa. Cuando las mujeres están en posiciones más altas y algún seductor les solicita favores laborales de cualquier tipo, ellas, por más que sepan que ya no están en su mejor punto, entran al juego y se dejan seducir. Es tan natural, tan deseable, pero, muy en el fondo, la mayoría de las veces sabemos que todo es más que nada un pequeño engaño, una triquiñuela que nos ayuda a pasar mejor este rato de la vida.

Hasta aquí todo es un juego, divertido, cachondo. ¿Pero qué pasa cuando las cosas se “salen de control”? Cuando el favor requerido es tal, que lo inmediato es lo sexual, y la necesidad de poder es tal, que para lograr ese aumento o ascenso hay que acostarse con el jefe que, además de patán, no es muy agraciado y en algún momento te puede meter en problemas, ¿qué valores están en juego ahí? No se trata de juzgar porque “cada uno como puede, y todos podemos distinto”. Pero, en lo personal, me sentiría extremadamente mal porque, de alguna forma, estoy entregando mi cuerpo a cambio de algo, no por el puro placer de tener sexo. ¿Y el hombre? Vamos! l sabe bien porqué está pasando lo que pasa, está siendo utilizado vilmente, y lo más probable es que sepa que, al final, no tiene demasiados atractivos. Debemos tener cuidado. Formas de prostituirse hay miles, y siempre hay que intentar ser fiel a los principios en los que cada uno cree. Claro que si te acuestas con alguien del trabajo, jefe o no, porque te gusta o calienta, pues entonces, disfrútalo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: