Preocupación global

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Además de vernos expuestos a la violencia de otros seres humanos o de los elementos naturales, a diario tenemos que lidiar con toda una batería de amenazas químicas y biológicas, desde intoxicaciones alimentarías a enfermedades infecciosas. Estas ultimas son, precisamente, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las principales causas de muerte: 13 millones de defunciones al año, la mayoría en los países en vías de desarrollo. La OMS señala que el aumento de las migraciones masivas y de los desplazamientos aéreos ha empeorado la situación. Casi 90% de los decesos son producidos por solo media docena de males: la neumonía, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas, el paludismo, el sarampión y el sida. De momento, solo se ha podido erradicar definitivamente una enfermedad infecciosa, la viruela, aunque la poliomielitis y la dracunculosis –producida por el gusano de Guinea- también están es proceso de desaparición, y todo ello gracias a las campañas de vacunación masiva. Además, y para complicar las cosas, los medicamentos antimicrobianos están perdiendo su eficacia debido a la creciente resistencia de los microorganismos a estos fármacos, especialmente por su uso negligente, que puede causar la aparición de capas inmunes.

El contacto íntimo también favorece a la propagación de algunas pandemias que ponen en riesgo la salud. De hecho, la OMS estima que cada año se producen 250 millones de infecciones por enfermedades de transmisión sexual (ETS), unas 500 por minuto. La mayor parte de los casos –un 85%- se da, además, entre la población mas joven, de los 15 a los 30 años. Las autoridades médicas recomiendan una buena higiene y, sobre todo, el uso del preservativo para evitar no solo las más graves, sino otras más comunes, como la vaginosis bacteriana o la candidiasis.

La exposición excesiva a la radiación solar ultravioleta –que causa cada año casi dos millones de casos de cáncer de piel solo en Norteamérica- y la baja calidad del aire en las ciudades –una mejor regulación de la contaminación ambiental podría reducir en un 15% la mortalidad en las metrópolis- contribuyen también a que cada día nos juguemos el pellejo simplemente por el hecho de estar vivos.

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