Cuida el agua, separa la basura, cambia los focos incandescentes por lámparas fluorescentes, compra alimentos orgánicos, usa pañales de tela (si tienes bebés, claro), adquiere un auto híbrido como el de Leonardo di Caprio, tapiza tu techo con celdas solares, instala un huerto hidropónico en tu casa … ¿Dónde está la frontera -o el ecotono, como dirían los ecólogos- que marca la transición entre lo mínimo que se le puede exigir a cualquier persona con neuronas espejo para que cuide nuestro planeta y los sacrificios que demandaría una secta mesiánica cualquiera?
Si lo que quieres es saber más sobre cómo pensar globalmente y actuar localmente para lograr aquello que los maestros de primaria del siglo pasado denominaban “explotación racional de los recursos naturales”, y que ahora, en boca de sesudos doctores se ha transformado en el elegante término de “desarrollo sustentable”, te invitamos a que leas el resto de este número. Pero si quieres enterarte de tres propuestas muy alejadas de la corrección política que impera en el tema, y que pueden incomodar a más de uno, este artículo está hecho para ti.
1.- Es un hecho incontrovertible que no es posible salvar a todas las especies. ¿Pero quién decide, en este esquema, qué especie se salva?
¡Quién mas, si no nosotros! Como no puede ser moral el criterio, debemos voltear a la ciencia para responder a la más apremiante incógnita de cómo saber cuáles podrán pasar por la puerta de nuestra Arca de Noé.
Fue el biólogo Brian Walker quien a principios de los noventas dio forma a la idea de que deben tener prioridad y asientos VIP las especies que realicen una función única y necesaria en el ecosistema en el que viven, mientras que en lista de espera debemos anotar a aquellas redundantes y, en este sentido, superfluas. Consciente de que este argumento podría no ser convincente, Walker sugirió un segundo criterio: la distinción taxonómica. “Dichosos los que son filogenéticamente distintos, pues ellos serán salvados”, lo que en lenguaje llano significa que, entre más separada esté tu rama de tu tronco evolutivo y, por consiguiente, más genes únicos y diferentes de otras especies emparentadas contigo poseas, aumentará la probabilidad de que asociaciones como la Sociedad Zoológica de Londres dediquen tiempo y dinero a rescatarte.
2.- Uno de sus más notables defensores es el italiano Giovanni Sartori, quien reunió sus ensayos en el libro La Tierra Explota, donde es tajante: “El aumento incontrolado de los nacimientos es, a la vez, causa y efecto de pobreza y subdesarrollo”.
En Colapso, el geógrafo Jared Diamond concuerda en que el crecimiento de la población mundial es uno de los factores que mayor impacto negativo tiene en muchos de los problemas ambientales y se limita a señalar que el gobierno chino, ante el inminente riesgo de que su problema de crecimiento poblacional se saliera de control, optó por restringir la libertad de las parejas para decidir el número de hijos. Diamond aclara que, de hecho, lo que importa no es tanto el gran número de personas en el mundo, sino el impacto ecológico per cápita. Así, cada habitante de Estados Unidos, Japón y Europa occidental consume 32 veces más recursos y genera 32 veces más desechos que un habitante de alguna “economía emergente”. ¿Cómo les decimos a los chinos que, ahora que su país tiene un crecimiento económico envidiable, la Tierra ya no puede soportar que cada uno de ellos alcance niveles de vida propios de los felices consumidores norteamericanos y europeos?
3.- Otro título para esta propuesta es: “La tecnología nos salvará”. Si sobrevivimos lo suficiente como especie para desarrollar la tecnología necesaria, podemos intentar construir naves y buscar algún otro planeta de repuesto. Por otro lado, y a pesar de que suponemos que es bastante remota la posibilidad de cometer los mismos errores y ocasionar de nuevo un desastre ecológico en los mundos que colonicemos, nos queda una última solución si así ocurre: ¡mas a otro Universo.
Los dos problemas más grandes para lograr estas mudanzas cósmicas son:
1) La aplicación de la teoría cuántica o de la teoría de cuerdas al caso del Universo, que implicaría que el nuestro es tan sólo uno de los infinitos universos paralelos que forman el llamado Multiiverso, tendría que ser correcta.
2) De acuerdo con Michio Kaku, autor de Mundos paralelos, la tecnología de nuestra civilización, en una escala que fue inventada por el astrónomo ruso Nikolai Kardashev, tendría que llegar al nivel III, el más avanzado, para que nuestros planes llegaran a buen puerto. Un “pequeño” detalle es que, según Carl Sagan, en la actualidad nos hallamos apenas en el nivel 0.7 de la escala de Kardashev.
Archivado bajo: ○Ciencia




